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“La IA ha venido para quedarse y las empresas no pueden poner freno a la innovación que aporta.”

La inteligencia artificial ya forma parte de la actividad cotidiana de muchas compañías. Su incorporación plantea preguntas sobre las herramientas que pueden utilizarse, los riesgos que deben asumirse y la forma de mantener el control sobre los datos y los procesos. José Luis Esteve, Head of IT4US and Compliance de ubimia®, analiza en esta entrevista cómo debe abordarse esta transformación.

Las empresas están incorporando herramientas de inteligencia artificial en su día a día. ¿Quién decide cuáles se pueden utilizar, qué usos son aceptables y qué riesgos no merece la pena asumir?

Lo primero que te diría es que la inteligencia artificial ha venido para quedarse. Está en una revolución constante y, desde las empresas, no podemos poner un freno a la innovación que supone para nuestros procesos y para aportar valor a nuestros clientes. Es una palanca que va a transformar de manera fundamental a las compañías.

Por lo tanto, tenemos que poner reglas. En ubimia® estamos estableciendo normas de buen uso y de mal uso, definiendo qué está permitido y qué no está permitido, para empezar a regular cómo utilizamos la IA dentro de la compañía. También estamos empezando a elegir y seleccionar las herramientas que nos pueden acompañar en este proceso.

Y todo ello sin frenar la innovación, porque mañana la tecnología va a cambiar. Tenemos que ser ágiles para regular, cambiar y permitir que nuevas herramientas y nuevos usos vayan incorporándose a la compañía.

La IA ha llegado para quedarse y todavía no conocemos todos sus posibles usos. ¿Quién decide qué aplicaciones son aceptables y qué riesgos merece la pena asumir?

Principalmente, yo creo que la propia empresa, a partir de sus valores y de su estrategia. Ese es, para mí, el principio fundamental. La IA no viene a cambiar nuestros valores, nuestra esencia ni nuestros objetivos.

Tiene que seguir estando alineada con los objetivos estratégicos de la compañía. Por lo tanto, es la propia empresa la que va a decidir para qué utiliza la IA, en qué casos y qué riesgos asume. Siempre debe hacerlo desde un planteamiento ético.

Las empresas tenemos que implantar estas herramientas asegurando que existe una supervisión humana, que no hay sesgos ni errores y que utilizamos los datos para aquello que realmente constituye nuestro objetivo: aportar valor al cliente. La principal herramienta es asegurar que todo lo que se hace con IA está dentro de la esencia de la compañía, sus valores, su ética, sus objetivos y su manera de entender el valor de esta tecnología. La IA viene a transformarnos y a aportarnos mucho valor, pero siempre mediante un uso ético, controlado y gobernado.

¿Qué debería tener en cuenta cualquier compañía antes de incorporar una nueva herramienta de inteligencia artificial?

Yo diría que lo primero es evaluar para qué se quiere utilizar. Al final, nosotros estamos incorporando la IA a nuestros procesos para transformarnos. Por lo tanto, la primera pregunta sería: ¿esto tiene sentido aquí o no?

Después hay que analizar qué riesgos conlleva. La IA implica riesgos desde el punto de vista de la seguridad y del cumplimiento. Tenemos que saber si esa herramienta va a compartir nuestros datos con alguien más o con su propio modelo. ¿Van a salir nuestros datos, que hasta ahora estaban protegidos, para ser compartidos con terceros? ¿Cumple con las regulaciones propias de nuestro sector? Por ejemplo, con la normativa europea de inteligencia artificial.

También hay que conocer cómo protege el proveedor la información, dónde la almacena y cómo la gestiona. Y hay que preguntarse cómo trata la propiedad intelectual. Nosotros generamos software: ese software que se genera, ¿es de ubimia® o no lo es? ¿Lo puedo utilizar?

Todas estas cuestiones son necesarias para estar tranquilos de que lo que hacemos y cómo lo hacemos cumple con las regulaciones. También para asegurarnos, desde el punto de vista de la seguridad y la privacidad, de que no damos pasos atrás. Ya tenemos regulaciones y normativas que cumplir y no podemos retroceder en esa línea.

Si las empresas no deben dar un paso atrás, pero sí dar un paso adelante, ¿qué nos falta todavía por descubrir de la inteligencia artificial?

Muchísimo. Creo que cada día la IA está transformando nuestra forma de trabajar y estamos viendo el potencial que tiene. Viene para ser una revolución. Nosotros la entendemos como una capacidad estratégica que nos va a ayudar a trabajar mejor, pero cada día seguimos descubriendo nuevas posibilidades.

En ubimia® no estamos utilizando la IA únicamente en los equipos técnicos. Forma parte ya de nuestro proceso natural. Estamos tratando de integrarla en nuestro día a día y cada persona debe ser capaz de convertirse en creadora y usuaria de la IA, para que nos ayude a innovar, a cambiar nuestros propios procesos y nuestra forma de trabajar cada día.

¿En qué ámbitos cree que veremos más avances?

Creo que todavía veremos mucho recorrido en materia de seguridad y también en los potenciales usos de la inteligencia artificial para la ciencia. Tenemos mucho que descubrir.

Al mismo tiempo, la tecnología avanza muy rápido y tenemos que estar atentos. Los usos que están generando y creando las compañías que desarrollan estas inteligencias artificiales, así como los gobiernos y las propias empresas, deben ir adaptándose a nuestro día a día. Pero siempre desde la ética, el buen uso y la creación de valor.

Y también desde el sentido común.

Por supuesto. El sentido común es, al final, el sentido que más suele faltar. A veces necesitamos precisamente esa prudencia: dar la bienvenida a una nueva herramienta, pero mantener los pies en la tierra y conocer los riesgos que puede acarrear.

La inteligencia artificial ofrece muchas oportunidades y tenemos que aprovecharlas, pero debemos hacerlo con responsabilidad, control y una visión clara del valor que queremos generar.

*Esta entrevista ha sido editada para su publicación escrita. Se han eliminado repeticiones y muletillas propias del formato radiofónico, manteniendo el contenido y el sentido de las respuestas.

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